Regazzoni, la última entrevista de un artista que soñó con un país ferroviario

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Regazzoni, la última entrevista de un artista que soñó con un país ferroviario

Por Leandro Vesco

Hace cuarenta años que Carlos Regazzoni hizo lo que ahora muchos hacen: vivir de la naturaleza, creando una obra incomparable a partir de residuos urbanos y ferroviarios. A pocos metros del obelisco, este creador inclasificable logró vivir aislado del sistema, reconocido en Europa, caminante de nuestro país, quiso comer bien y entendió que la única manera para lograrlo era cocinarse. Hace diez años tiene en Retiro la pulpería ferroviaria “El Gato Viejo”.

Por estos días su idea de soberanía alimentaria la encontró haciendo la que él llama “Huerta Orgánica Ferroviaria”, a un costado de sus dominios, que abarcan un bosque impenetrable habitado por animales de metal, vagones, galpones ateliers y la pulpería, hay una parcela de tierra donde germinan y crecen morrones, tomates, zapallitos y maíz. “Quise darle una vuelta más allá del arte a mi obra, dadas las condiciones del lugar. He hecho una selva aquí, yo no corto plantas, un día le dije a los muchachos punteén que sembramos y así fue”, afirma este patagónico que ha hecho de su vida una intensa obra de arte. “No usamos remedio, por lo tanto el tomate tiene gusto a tomate, recuperamos el sabor. Me pareció una linda forma de entregar el tiempo que tengo, esto lo hago por mis hijos”, el pequeño Dante –tiene 7 hijos más-, de apenas tres años corre detrás de las inmensas obras de metal o se mete entre las plantas. La infancia del niño, no puede tener más libertad.

El universo ferroviario que construyó Regazzoni es infinito, la autopista Illia se ve en el fondo, pero la sugerente aparición de su obra anticipa que pronto el mundo tal cual lo conocemos, desaparecerá. Un camino de tierra culmina en el “El Gato Viejo”, montañas de chatarra, caballos y golems metálicos dan la bienvenida, a medida que uno se adentra, el ruido de la ciudad se aleja, para dejar paso al exceso de objetos intervenidos por su arrolladora creatividad. El bodegón tiene su sello, grandes mesas, amplias, alrededor de las cuales cuelgan formas orgánicas de metal, espacios íntimos, un sillón de Rey que podría estar en una escenografía de Game of Thrones, una galería para artistas emergentes y la cocina, como una isla autómata de sartenes y ollas. Alrededor de todo esto, el ferrocarril está presente en herramientas, remaches, restos de máquinas, todo ha recobrado aquí una nueva forma y vida. “El espíritu ferroviario me fue llevando a esto, nuestro país es una gran telaraña, el tren transporta a las personas mientras todos duermen”, afirma Carlos. Una vez dentro de este espacio –en el que ofrecen sushi ferroviario-, es difícil escapar a la magia del “fierro”. Los sabores a óxido y a comida se mezclan, el silencio es total. Arte y cocina son dos presencias que se hermanan aquí.

“Comer bien me obligó a cocinar, a hacerme una quinta. Primero cociné para amigos, y una noche tenía veinte mesas ocupadas. Ofrezco un menú ferroviario, ravioles de borraja, jabalí, tortillas, fideos caseros, pavita, pescados y milanesas de avestruz. Mi cocina se basa en usar pocos elementos, pero sabrosos”, resume Regazzoni, su hija Bárbara, pastelera, lo acompaña. Este artista que estuvo quince años en Francia, y fue el único invitado a exponer en los Champs Elysees para el centenario del aeroclub francés- entiende que la cocina es un arte. “Las mujeres son malas como cocineras, siendo madres ya han cumplido su rol maravilloso de creación”, expone su teoría y completa: “El hombre, que es un ser estúpido, quiere parecerse a la mujer, y hace arte. Ser artista es tener un dominio de la dimensión humana, vos dominas tanto las cosas, que todo el mundo te tiene bronca”, culmina. “El gusto argentino es el asado, yo intenté hacer yacaré, gallinas de guinea, patos, pero me los terminé comiendo. Ahora hay una moda de alejarse de la carne, el veganismo, que es un invento del feminismo”.

Nacido en Comodoro Rivadavia en 1943, Regazzoni está considerado  uno de los artistas contemporáneos más vanguardistas. Su obra es inmensa, más de tres mil esculturas, otras tantas pinturas, gran parte de ella está diseminada por el mundo y por los rincones nuestro país. El documental “El hábitat del Gato Viejo” (Franck Joseph, 1992) fue premiado en la bienal de Vahádome, abriéndole la puerta en Francia donde es una figura destacada. En estos días han concluido de filmar otro documental sobre su obra en aquel país que se estrenará en la Televisión francesa. Precoz, Regazzoni comenzó a pintar a los dos años, su padre le dio sus primeras herramientas y su abuelo, un modelo de sabiduría. “Uno aprende más de los abuelos que de los padres porque sabe que los tenés poco tiempo. El mío, Horacio Zardini, me marcó para siempre. En su casa de Berisso escondió durante tres días en su piano al “Peludo” Hipólito Yrigoyen, le salvó la vida”, recuerda Carlos, quien asegura que siente la presencia de su abuelo a diario. “La vida patagónica me dio hambre de vivir”, confirma para fundamentar su inabarcable curiosidad.

“El Gato Viejo” abre de jueves a sábado y se maneja con reserva, el propio Regazzoni recibe a los comensales, su desenfreno –que tiene excelentes resultados- lo traslada a las hornallas. “Es un arte la cocina, para hacer un buen guiso, vos tenes que estar atento a muchas cosas, por lo pronto tener los sabores en tu cabeza. Una foto sensorial de lo que querés hacer en la olla”, muy crítico de la nueva generación de cocineros considera que el problema son los productores: “En todos los programas meten un payaso para que provoque risa, eso es falta de creatividad”, desde su lugar en el mundo, Regazzoni domina su percepción, como nadie: “Yo hago ocio, no hago negocio. Buenos Aires está como la mierda, a veces salgo a la ciudad, con una escopeta”, afirma quien logró la independencia espiritual y alimentaria creándose su propio mundo. “Lo que han hecho con el sistema ferroviario es un asesinato”, concluye. Le cuesta movilizarse, pero su cabeza no se queda quieta, planeando mil proyectos.

Por | 2020-05-04T10:54:39+00:00 mayo 4th, 2020|ACTUALIDAD, CULTURA, PORTADA|0 Comentario

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