Tiene cinco años y hace alcohol en gel para todo Sierra de la Ventana

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Tiene cinco años y hace alcohol en gel para todo Sierra de la Ventana

Por Leandro Vesco

“Hago el alcohol en gel para ayudar a la gente con el coronavirus, para que no se enfermen” cuenta Uma Fernández Cámara, de cinco años, desde su casa en Sierra de la Ventana, en el Partido de Tornquist, en el sudoeste bonaerense. La niña emocionó a toda la comunidad serrana, que se halla cerrada desde el pasado viernes 21, al comenzar a producir alcohol en gel con aloe vera que saca de su jardín. El producto no se consigue en toda la localidad. En cuarentena, su padre luego distribuye la producción en la comisaria y a un supermercado para que los vecinos lo lleven  sin costo. El fin de semana Uma hizo diez litros, en estos días prepara un segundo lote. “Estamos jugando el mundial más importante de nuestras vidas, y lo vamos a ganar”, afirma esta niña de gran conciencia comunitaria.

Todo comenzó cuando la pandemia aún no había obligado a la cuarentena nacional, en Sierra de la Ventana, como en todo el país, se podía circular con normalidad. Las medidas preventivas se basaban en la compra compulsiva de productos de higiene personal. La comarca serrana comenzó a sufrir la pérdida de stock de alcohol en gel, hoy ya no se consigue en ningún comercio. “Fuimos con Uma a un supermercado y compramos, estaba a $120, volvimos al otro día y había subido a $220”, comenta Gabriel Allende, de 47 años, padre de la pequeña. “Papá, y ¿ahora la gente cómo se va a cuidar?, le preguntó, preocupada. “Voy a hacer alcohol en gel para que toda la gente tenga gratis”, se contestó Uma.

El dueño de un mercado del pueblo fue la clave para que su idea se llevara a cabo. “En el Polirrubro El Duende se enteraron y le dieron todo el alcohol líquido que tenían”, afirma Gabriel. Una vez en su casa, la producción comenzó. Uma se encargó de todo. Lavó los aloes, les quitó las espinas, extrajo las pulpas, las dejó reposar diez minutos, agregó alcohol, procesó todo en una minipimer, y envasó en potes de cuarto litro.

La pandemia y la cuarentena conmovieron a Uma. “Ella escucha, procesa, entiende y es el equilibrio de la casa, nos da paz, es nuestro puerto seguro”, asegura su padre. La familia hace “cuatro inviernos” que viven en Sierra de la Ventana. Vivían en Bahía Blanca, y decidieron cambiar de vida, apostar por la tranquilidad. “Aquí se cuentan por los inviernos que podes atravesar”, afirma Gabriel. La vida en el entorno serrano durante la época invernal es dura, la nieve y las bajas temperaturas obligan a aislarse en los hogares. “Tenemos poco gas y es común salir a buscar leña para las estufas, somos pocos vecinos y el estar encerrados no es algo inusual”, cuenta.

“Como padres sentimos orgullo, y la tranquilidad de saber que estamos haciendo las cosas bien, porque los niños son el futuro del planeta. Le decimos que la fuerza más grande del mundo es el amor, que es la único que nos va a salvar”, afirma Gabriel. El grupo familiar se completa con su esposa Valeria de 26 años y su hijo mayor Nicolás, de la misma edad. Este verano Uma mostró su interés  hacia el contraste de clases en la sociedad. Fueron a veranear a Mar del Plata, salieron de una rotisería con comida y en la esquina había un hombre en situación de calle. “Papá, ¿él no va a comer nada?”, le cuestionó a sus padres. “Nos hizo comprar comida para darle”, resume Gabriel.

Sierra de la Ventana es uno de los centros turísticos más visitados de la provincia de Buenos Aires. El cordón serrano de la Ventania cruza el mapa del Partido de Tornquist, en esta formación, que data del periodo Terciario, se hallan los picos más elevados de la provincia, como el turístico Ventana con 1.134 metros y el Tres Picos, con 1.239, el más alto. El coronavirus transformó la realidad de una región acostumbrada a grandes contingentes de turistas. “Uma siempre está atenta a toda la basura que dejan”, asegura el padre.

“Hay control policial en la entrada, los comercios cierras a las 14.30 y a las 17 suena la sirena de los bomberos: anuncia la hora del encierro”, comenta Gabriel, quien hace 27 años es forense de la policía de la provincia. Nadie que no viva en el pueblo, puede pasar. Después de las 17 horas, la localidad es controlada por la policía, si alguien está en la calle, es detenido. Se lo arresta en forma domiciliaria, con una causa federal de delito contra la salud. Personal policial pasa por el domicilio a controlar que esté y si no lo encuentra, es ubicado y llevado a la comisaría para cumplir allí la detención.

El abastecimiento de alimentos es un problema. No quedan muchos alimentos en los comercios. “Cuando salgo a buscar comida, es como salir de caza, lo que encuentro, traigo”, asegura Gabriel. El alcohol líquido es un artículo que no se consigue. La producción de Uma necesita de este insumo para continuar, en estos días podrá entregar una nuevo lote, pero la niña sabe que sin este producto, no podrá seguir, buscan donaciones. “Tenemos que seguir cuidando a la gente”, propuso, y se les ocurrió fabricar barbijos.

En unos de sus viajes por trabajo a Bahía Blanca, Gabriel compró friselina y llevó a la casa la tela. Están haciendo barbijos que entregarán sin costo. “Hay que cuidarse, quedarse en la casa, porque estamos en cuarentena. Me hace bien hacer lo que estoy haciendo”, ultima Uma. Por estos días, Sierra de la Ventana tiene alcohol en gel, gracias a ella.

Por | 2020-04-10T21:22:16+00:00 abril 10th, 2020|ACTUALIDAD, PORTADA, SOCIEDAD|0 Comentario

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