Coronavirus en el paraíso, cómo lo viven en una playa solitaria

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Coronavirus en el paraíso, cómo lo viven en una playa solitaria

Por Leandro Vesco

“Al principio de la pandemia, en Los Pocitos se hacían humoradas, parecía que era imposible que llegara, vivimos en un lugar remoto, lejos de grandes urbes, de la frontera, pero ahora nos estamos cuidando”, asegura Sonia Ilgner, de 51 años, docente jubilada y artista plástica, desde esta aldea marítima de apenas 50 habitantes que viven frente a un mar de aguas cristalinas, al sur de la provincia de Buenos Aires, en el Partido de Patagones. “Ya no compartimos el mate, ni los saludamos con las manos, tratamos de estar en nuestras casas”, confirma. Naturalmente alejado de grandes urbes, para llegar a la localidad hay que recorrer salitrales y grandes extensiones de caminos de tierra. “El problema es si llega a entrar alguien infectado a un pueblo pequeño, como este”, confiesa. Es un paraíso visitado por pescadores de todo el país.

“Nosotros acá estamos acostumbramos a tener reserva de alimento. Vamos a hacer las compras una vez cada quince días, o en mi caso, una vez por mes, pero desde siempre. Tengo provisiones, yo permanezco en mi casa”, asegura Sonia. La localidad se ajusta a una belleza perfecta, las casas se recuestan sobre una bahía de arenas blancas. Aquí viven de la pesca y de cosechar ostras. No hay contaminación cercana, las calles, arboladas, están acostumbradas a recibir visitas. “Tenemos mucha información y extremamos las medidas, restringimos nuestras salidas”, confiesa. Las costumbres en este pequeño rincón alejado y solitario del mapa bonaerense, han cambiado, el coronavirus los ha llamado a la reflexión. “Esta pandemia nos obliga a pensar en el bien común, en la solidaridad. El compromiso mutuo. En nuestro individualismo”, apunta.

Sonia Ilgner

Los Pocitos tiene un problema vital: no tiene agua potable, una red distribuye agua dura, que usan para la cocina y el baño. Todos tienen que buscar agua potable fuera del pueblo. “Nosotros tenemos un tanque de 1000 litros, pero nos tiene que alcanzar, porque por ejemplo, no dejan entrar en Viedma”, afirma Stella Maris Breit, de 65 años, vecina de la localidad, aunque también con casa en la capital rionegrina, a 80 kilómetros de distancia. “Hablamos mucho con la enfermera de la sala sanitaria”, asegura. La señal telefónica es nula, aunque algunos tienen servicio de internet, no la mayoría. “La pandemia la vivimos con preocupación”, confiesa.

Sin acceso a agua potable, las medidas de sanidad hay que extremarlas. El problema no es de ahora, sino histórico. Existe una planta potabilizadora que podría darle agua potable a todos los vecinos, pero la falta de mantenimiento es la causa por la que no está en actividad. “Muchos vecinos juntan agua de lluvia y  con eso se arreglan, algunos tienen equipo potabilizador y muchos tenemos reserva de agua envasada, en mi caso, para un mes”, aclara Sonia. Algunos –aquellos que no tienen capacidad ni medios de stockear- deben ir en forma continua a Stroeder o Villalonga –los pueblos más cercanos- a buscar agua potable en botella o bidón.

Los alumnos de la escuela del pueblo están en sus casas, estudian desde allí. Las entradas a la aldea están controladas. “Han instalados puestos camineros en los ingresos, para controlar que sólo pasen los lugareños”, cuenta. El miedo mayor es que aparezca un extraño. Están alertas. Aquellos que tienen alojamientos, como Stella, han cancelados el servicio. “Tratamos en lo posible de no juntarnos, quedándonos en nuestros hogares”, comenta. Un pequeño almacén provee del abasto necesario para la supervivencia, sus propietarios atienden detrás de una cortina plástica, con barbijos. Los 50 habitantes salen poco de sus casas. Algo de la gran libertad que tenían hasta hace unos días atrás, se quebró. A los vecinos se les prohíbe caminar por la costa o estar en el mar.

Las calles de Los Pocitos, solitarias.

La economía de la localidad se verá resentida, la mayoría vive de la pesca embarcada y de la cosecha de ostras. El turismo es el principal motor. Todo esto se halla parado. Algunos tienen pequeñas extensiones de campo donde practican la ganadería o la agricultura. La mayoría de los habitantes son hijos de los pioneros. La perspectiva la cuarentena cobra un sentido especial en un pueblo en donde la costumbre es la soledad y la vida apartada. “Vivir aislados en un pueblo pequeño es una alternativa. Te preserva en primer lugar del contagio, porque somos muy pocos habitantes y nos conocemos todos. Es una gran alternativa, especialmente para los mayores”,  reconoce.

“En el caso de que tengamos un caso de coronavirus se nos complican las cuestiones, tenemos sólo un servicio de enfermería. Pero estamos muy informados”, afirma Sonia. Esta semana un pescador violó la cuarentena, pero la jugada le salió mal: la marea la llevó la camioneta y fue detenido.

“Ahora cobra valor vivir en un lugar pequeño, es más sano”, confiesa Stella. El camping, la bahía, y las calles de esta aldea paradisíaca están vacías, los vecinos se saludan a los lejos, se cuidan. “Pienso que la pandemia va a generar –ya lo está haciendo- un cambio cultural en el orden mundial. A partir de aquí, la sociedad va a modificar todos sus hábitos. Tanto en la alimentación como en sus conductas, y la forma de vida, que este momento creíamos era la correcta, ya no la es. Seguramente sobre la marcha vamos a adquirir hábitos nuevos de comportamientos. Entre ellos la solidaridad, y la empatía”, concluye. Las olas y su manso abrazo con la orilla, es lo único que se oye, aquí, en donde la luna y sol nacen desde el agua.

Por | 2020-03-23T11:06:20+00:00 marzo 23rd, 2020|ACTUALIDAD, PORTADA, TURISMO RURAL|2 Comentario

2 Comentarios

  1. Virginia Hughes marzo 23, 2020 at 12:52 pm - Reply

    Muy interesante. Una buena posibilidad para conocer después de la pandemia.

  2. sofia natalie villegas marzo 27, 2020 at 4:40 pm - Reply

    «Parece una tontería, una nimiedad»
    Pero no lo es, para nada.

    ROCIEMOS CON LAVANDINA LAS BOLSAS DE NUESTROS RESIDUOS.
    Los médicos nos salvan la vida.
    NOSOTROS TAMBIÉN PODEMOS.
    POR NUESTROS RECOLECTORES DE BASURA.

    http://casadegobierno.blogspot.com/

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