San Emilio y la historia del toro que tuvo que salir por el techo

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San Emilio y la historia del toro que tuvo que salir por el techo

Por Amanda Atadía

Corría el año 1882 y llegaba a San Emilio una joven francesa con su pequeño hijo de 5 años. La soledad, la pobreza y la necesidad de ayuda hicieron que el hogar de la familia Villalba los recibiera y les diera protección.

Pasó un corto tiempo y la joven decidió volver a Vendée (Francia) en busca del padre del niño y así lo hizo, dejando al pequeño al cuidado de esta familia.

Los días transcurrían y la mujer no regresaba… y no regresó nunca más. El chico fue adoptado por los Villalba quienes lo criaron como un hijo más junto a sus otros niños.

Pasaron los años y el joven Vicente “Sotelo” Villalba se trasladó a Los Toldos donde conoció a la que sería su esposa. Volvió a San Emilio donde se radicó definitivamente y tuvo 8 hijos: Daniel, Juan, Dora, Federico, Vicente, Olga, Francisco y Felipe.

Hoy sólo viven: Juan (quien cuenta esta historia), Vicente y Felipe.

A “Sotelo” siempre se lo consideró un personaje porque sus historias y anécdotas, corrieron de boca en boca a través de los años, principalmente lo referido a la construcción de carrozas para el carnaval y mascarones ya que en San Emilio, en los años 30 y 40 hubo corsos muy famosos y divertidos.

Según cuentan, para los carnavales siempre presentaba muy buenos trabajos obteniendo los primeros premios.

Los materiales que usaba eran: arpillera, alambres, papeles, engrudo y pintura. En una oportunidad, decidió hacer un toro. Comenzó este trabajo en un rancho que estaba desocupado y eligiendo la habitación más grande. Su hijo Juan, era uno de los mayores y le ayudaba mucho. Ya se acercaba la fecha de los corsos y debía terminarlo. Así fue. Dio su fin con la anticipación debida quedando muy conforme con el trabajo.

Cuando llegó el día, lo tenía que sacar y grande fue la sorpresa cuando se dio cuenta que era imposible porque ni por la puerta, ni por la pequeña ventana podía hacerlo.

¿Qué podía hacer? De ninguna manera iba a renunciar a su obra! Tomó una decisión: Sacar el techo del rancho, y así lo hizo.  Con la ayuda de sus vecinos logró salvarlo más que sacarlo y pudo participar de esta fiesta.

Otra vez, construyó un avión, pero sus alas eran tan extensas que al pasar en el desfile de carrozas, las alas se iban rompiendo porque chocaban con la copa de los árboles de las veredas. Al otro día apareció nuevamente con el avión, pero con alas nuevas y más chicas.

Ya fuera de época de corsos, quiso gastarle una broma al dueño de una confitería del pueblo. El colectivo de la empresa “La Florida” que iba de Bragado a Los Toldos pasaba por esa calle. Fue en esa esquina que colocó una pareja de muñecos, construidos por él y muy parecidos al dueño de la confitería y su esposa, donde el hombre tenía un brazo extendido como señalando al colectivero que parara. Tal cual lo pensó, el colectivo paró, pero nadie subió.

Después del asombro del colectivero, todo el pasaje soltó una gran carcajada al darse cuenta de la broma. Como estas anécdotas hay muchas más sobre Sotelo. ¡Gracias a Juan Villalba con sus relatos!

Por | 2020-03-22T20:24:57+00:00 marzo 22nd, 2020|ACTUALIDAD, CORRESPONSALES POR LOS PUEBLOS|0 Comentario

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