Cura Malal, una pulpería recuperada la da vida a todo el pueblo

///Cura Malal, una pulpería recuperada la da vida a todo el pueblo

Cura Malal, una pulpería recuperada la da vida a todo el pueblo

Por Leandro Vesco

Cural Malal, al igual que Mercedes Resch, habitan en el silencio. Esta mujer reinventó su pueblo natal, recicló un antiguo almacén y lo convirtió en centro cultural rural, residencia artística, boliche y hospedaje. Hay personas que nacen predestinadas a ser seres creativos, puros y en cada pequeño detalle de sus vidas, se manifiesta este don, Mercedes es una de ellas. “Me gusta trabajar con lo hermoso de las personas que viven en Cura Malal, sus bellezas, en sus simplezas”.

Nacida en el “Corral de Piedra” (Cura Malal), compartió su niñez con nueve hermanos. Su madre Raimunda es una presencia central en su vida dentro de un pueblo de grandes personajes, acá han nacido los más grandes jinetes de la provincia, como Mingo Silvera, o Rosita, la de la Bicicleta Blanca que hasta los últimos días de su vida se iba a Coronel Suárez (a 15 km) en bicicleta. Cura Malal es un pueblo al que se le ve el alma en cada esquina. Nos habla, nos oye. Cuando caminamos por las calles, que tienen nombre floridos, siempre tenemos la sensación de que hay pasos que nos siguen. Viejas presencias se resisten a irse de esta comarca bendecida por la paz y por un encanto pictórico. Cura Malal, qué duda cabe, es un cuadro habitado por 100 personas que se saludan, al igual que algunas gallinetas y los perros que ladran a las estrellas.

Cura Malal se siente como la piel puede sentir el frío o el calor, es una sensación el pueblo. Mercedes Resch nació aquí y es acá donde creó con sus propias manos un centro cultural en donde antes funcionaba el almacén del pueblo, se llama “La Tranca”. “Allá estaban las papas”, señala en un rincón en donde ahora hay una mesa, reciclada, con una silla que mira a un cuadro. Todo lo que está acá adentro está intervenido artísticamente. Mercedes a todo le ha dado una vida propia, una nueva forma, una nueva oportunidad con una mirada diferente. Hasta las etiquetas de las botellas de los vinos que están en las estanterías, han sido modificadas. Desde “La Tranca”, y a través de la cultura, se propuso cambiar al pueblo. “Compré el almacén, estaba totalmente abandonado, pero lo reciclé y lo dejé como estaba cuando era chica y venía a hacer los mandados” Desde entonces “La Tranca” es una usina de ideas rurales que tienen un denominador común: Cura Malal, todo lo que se produce acá está relacionado con el pueblo.

“Proyecto Hermosura” es un colectivo artístico que hacen Mercedes junto con dos amigas creadoras: Verónica Suanno, Nilda Rosemberg. Fue la plataforma para materializar las ideas que tuvieron. Un año llamaron a un fotógrafo social y convocaron a los vecinos del pueblo para que se vistieran con ropas antiguas, las que usaron los primeros pobladores y la propuesta fue sacarse fotos. “Me interesa jugar, yo veo a este espacio como un lugar de juego” Mercedes, siempre en silencio, no puedo quedarse quieta. Es una mujer hacedora. No pierde tiempo, siempre está haciendo algo. A un costado de La Tranca hizo un hospedaje rural, al que llamó “El Gallinero”, y detrás está el taller donde se hacen las residencias artísticas, “Las Chapas”.  Todo lo ha hecho con sus manos y con material reciclado. “Los lugares los vas construyendo. Todo acá está en permanente construcción. La casa está asentada en barro. La agrandé. Yo necesito que esté viva, sino no tiene sentido, sino me pesa. Necesito que sucedan cosas, que alguien se la apropie”.

Lo mejor que ha hecho Mercedes es involucrar a Cura Malal en sus ideas, que son un montón. Así como usa materiales reciclados, todas sus acciones son autogestivas. La ruralidad tiene una forma de manifestarse más clara, si hay una idea, se hace con lo que se tiene y se la ofrece a la comunidad, sencillamente. En La Tranca se ofrecen talleres de canto y baile, abiertos y gratuitos. “Es nuestro acto de rebeldía, quienes hacemos estos talleres no recibimos ayuda de nadie, los sostenemos como respuesta a esta época de consumo donde todo tiene un valor económico o material, nosotros apostamos a otro tipo de valor. Al encuentro, al compartir, al hacer”.

Con el mismo sentido emancipador y reaccionario a la sociedad de consumo, el taller “Las Chapas” abre convocatorias para llevar adelante allí residencias, están abiertas a artistas o a cualquier persona que quiera trabajar y hacer realidad una obra. La próxima será para febrero del año que viene. También el pueblo, a partir de la presencia de Mercedes, tiene hospedaje. “El Gallinero” es una casa de campo pegada a “La Tranca” donde se respira el aroma del campo. El rocío hace brillar el pasto, el canto de las aves acaricia las primeras luces del día. “Una vez vino un huésped que durmió un día entero”, dice al pasar Mercedes. No es exagerado, si Cura Malal es una sensación, su atmósfera serrana tiene el mejor de los soporíferos: la tranquilidad de un pueblo perdido en el mapa.

Cura Malal es un dibujo, muy lindo. El sol baja en las Sierras que dejan ver el perfil de una imaginaria deidad que protege las almas aquí. Hay un arroyo que pasa por el pueblo, lugar ideal para abastecernos de calma y sosiego. Es muy difícil salir de este estado de gracia. Hay viejas esquinas que evidencian un pasado de gloria, las gallinas cruzan las calles, la mirada de los caballos las siguen. Una iglesia frente a una cancha interminable de fútbol, la escuela y las risas de los niños, algunos vecinos que juntan leña y la dinámica de un pueblo acostumbrado al silencio. Este es el pueblo de la revolución silenciosa.

“Hemos armado un cine, comidas criollas, me gustaría que una vez a la semana La Tranca esté abierta como boliche para la gente del pueblo. Todo ha sido siempre comunitario”, nos cuenta Mercedes que en sus ratos libres escribe relatos donde Cura Malal y sus personajes son los temas centrales. “La Tranca” forma parte de la red de emprendimientos que coordina Julieta Colonnella para Cambio Rural de INTA, un grupo de emprendedores que, como Mercedes, ofrecen propuestas simples, naturales y muy humanas. “Acá uno puede venir a quedarse a descansar”, afirma esta mujer que todo lo ha hecho con el corazón en las manos, de alguna manera creando un mundo resignificando la realidad de Cura Malal, el pueblo de los silencios y las bellezas simples. “No me interesa generar bienes económicos. Me interesa el intercambio”, concluye Mercedes Resch, quien con lo que tiene a mano construye identidad y arraigo.

 

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Por | 2019-06-03T12:37:39+00:00 junio 2nd, 2019|HISTORIAS, PUEBLOS|0 Comentario

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